miércoles, 20 de noviembre de 2019

Frases más importantes y llenas de filosofía en "El Principito"

Hoy quiero compartirles a mis contados lectores un trabajo literario que he hecho y espero a muchos les haga recordar este fantástico libro.

Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una serpiente boa que digiere un elefante.
Dibujé entonces el interior de la serpiente boa a fin de que las personas mayores pudieran comprender.
Siempre estas personas tienen necesidad de explicaciones.

 Quería saber si verdaderamente era un
ser comprensivo. E invariablemente me contestaban siempre: "Es un sombrero". Me abstenía de
hablarles de la serpiente boa, de la selva virgen y de las estrellas. Poniéndome a su altura, les hablaba
del bridge, del golf, de política y de corbatas. Y mi interlocutor se quedaba muy contento de conocer a un
hombre tan razonable.

¿Sabes? cuando uno está verdaderamente triste le gusta ver las púestas de sol
¿el día que la viste 43 veces estabas muy triste verdad?
pero el principito no respondió

Si todas esas
excusas no bastasen, bien puedo dedicar este libro al niño que una vez fue esta persona mayor. Todos
los mayores han sido primero niños. (Pero pocos lo recuerdan)

 Entonces el astrónomo volvió a dar cuenta de su descubrimiento en 1920
y como lucía un traje muy elegante, todo el mundo aceptó su demostración.

Si les he contado de todos estos detalles sobre el asteroide B 612 y hasta les he confiado su
número, es por consideración a las personas mayores. A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les
habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar:
"¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?" Pero en cambio
preguntan: "¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?"

Si les decimos a las personas mayores: "He visto una
casa preciosa de ladrillo rosa, con geranios en las ventanas y palomas en el tejado", jamás llegarán a
imaginarse cómo es esa casa. Es preciso decirles: "He visto una casa que vale cien mil pesos". Entonces
exclaman entusiasmados: "¡Oh, qué preciosa es!

En efecto, en el planeta del principito había, como en todos los planetas, hierbas buenas y
hierbas malas. Por consiguiente, de buenas semillas salían buenas hierbas y de las semillas malas,
hierbas malas. Pero las semillas son invisibles; duermen en el secreto de la tierra, hasta que un buen día
una de ellas tiene la fantasía de despertarse

—Si alguien ama a una flor de la que sólo existe un ejemplar en millones y millones de estrellas,
basta que las mire para ser dichoso

 No sabía qué decirle, cómo consolarle y
hacer que tuviera nuevamente confianza en mí; me sentía torpe. ¡Es tan misterioso el país de las
lágrimas!

“¡No supe comprender nada entonces! Debí juzgarla por sus actos y no por sus palabras. ¡La flor
perfumaba e iluminaba mi vida y jamás debí huir de allí! ¡No supe adivinar la ternura que ocultaban sus
pobres astucias! ¡Son tan contradictorias las flores! Pero yo era demasiado joven para saber amarla"

—Será necesario que soporte dos o tres orugas, si quiero conocer las mariposas; creo que son
muy hermosas

x

—Exactamente. Sólo hay que pedir a cada uno, lo que cada uno puede dar —continuó el rey. La
autoridad se apoya antes que nada en la razón. Si ordenas a tu pueblo que se tire al mar, el pueblo hará
la revolución.

Es mucho más difícil juzgarse
a sí mismo, que juzgar a los otros. Si consigues juzgarte rectamente es que eres un verdadero sabio.

—¿Por qué bebes? —volvió a preguntar el principito.
—Para olvidar.
—¿Para olvidar qué? —inquirió el principito ya compadecido.
—Para olvidar que siento vergüenza —confesó el bebedor bajando la cabeza.
—¿Vergüenza de qué? —se informó el principito deseoso de ayudarle.
—¡Vergüenza de beber!

 "Este sería despreciado por los
otros, por el rey, por el vanidoso, por el bebedor, por el hombre de negocios. Y, sin embargo, es el único
que no me parece ridículo, quizás porque se ocupa de otra cosa y no de sí mismo

"Es el único de quien pude haberme hecho amigo. Pero su planeta es demasiado pequeño y no
hay lugar para dos..."

—¿Dónde están los hombres? —prosiguió por fin el principito. Se está un poco solo en el
desierto...
—También se está solo donde los hombres —afirmó la serpiente.

—¿Los hombres? No existen más que seis o siete, me parece. Los he visto hace ya años y
nunca se sabe dónde encontrarlos. El viento los pasea. Les faltan las raíces. Esto les molesta.

"¡Qué planeta más raro! —pensó entonces el principito—, es seco, puntiagudo y salado. Y los
hombres carecen de imaginación; no hacen más que repetir lo que se les dice

Si ella viese todo es to, se decía el principito, se sentiría vejada, tosería muchísimo y simularía
morir para escapar al ridículo. Y yo tendría que fingirle cuidados, pues sería capaz de dejarse morir
verdaderamente para humillarme a mí también...

—Hubiera sido mejor —dijo el zorro— que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las
cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso

Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros.
Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

 sólo con el corazón
se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.

—Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.

—¿No se sentían contentos donde estaban?
—Nunca se siente uno contento donde está —

—Porque con esto se economiza mucho tiempo. Según el cálculo hecho por los expertos, se
ahorran cincuenta y tres minutos por semana.
—¿Y qué se hace con esos cincuenta y tres minutos?
—Lo que cada uno quiere... "

—Sí —le dije al principito— ya se trate de la casa, de las estrellas o del desierto, lo que les
embellece es invisible

las luces del árbol de Navidad, la música de la misa de medianoche, la dulzura de las sonrisas, daban su
resplandor a mi regalo de Navidad.

—Los hombres de tu tierra —dijo el principito— cultivan cinco mil rosas en un jardín y no
encuentran lo que buscan.
Me quedé de nuevo helado por un sentimiento de algo irreparable. Comprendí que no podía
soportar la idea de no volver a oír nunca más su risa. Era para mí como una fuente en el desierto.
La gente tiene estrellas que no son las mismas. Para los que viajan, las estrellas son guías; para
otros sólo son pequeñas lucecitas. Para los sabios las estrellas son problemas. Para mi hombre de
negocios, eran oro. Pero todas esas estrellas se callan. Tú tendrás estrellas como nadie ha tenido...

—Cuando te hayas consolado (siempre se consuela uno) estarás contento de haberme conocido.
Serás mi amigo y tendrás ganas de reír conmigo. Algunas veces abrirás tu ventana sólo por placer y tus
amigos quedarán asombrados de verte reír mirando al cielo. Tú les explicarás: "Las estrellas me hacen
reír siempre". Ellos te creerán loco. Y yo te habré jugado una mala pasada...

—Será agradable ¿sabes? Yo miraré también las estrellas. Todas serán pozos con roldana
herrumbrosa. Todas las estrellas me darán de beber.

—¡Será tan divertido! Tú tendrás quinientos millones de cascabeles y yo quinientos millones de
fuentes...
Estaba triste, pero yo les decía: "Es el cansancio".

Y ahí está el gran misterio. Para ustedes que quieren al principito, lo mismo que para mí, nada en
el universo habrá cambiado si en cualquier parte, quien sabe dónde, un cordero desconocido se ha
comido o no se ha comido una rosa...
Pero miren al cielo y pregúntense: el cordero ¿se ha comido la flor? Y veréis cómo todo cambia...